La idea de Al Andalus: ¿Ideología o descolonización de la historia?

La idea de Al Andalus: ¿Ideología o descolonización de la historia?

Autor: Helios Ilyas F. Garcés //

“…natural era que desde mis primeros años
 me sintiese solicitado por la proximidad del áfrica
 y anhelase cruzar el Mediterráneo para tocar,  
digámoslo así, en aquel continente, la increíble realidad de lo pasado”

Pedro Antonio de Alarcón

Al Andalus como retórica

El suculento texto “Al Andalus en Marruecos.  El verdadero legado del colonialismo español en el Marruecos contemporáneo” (Almuzara, 2019), recientísima traducción y adaptación al castellano del anterior “Colonial Al Andalus” (Harvard University Press, 2018) constituye –al margen de consideraciones ulteriores y de muy diversa índole– un ensayo crítico estrictamente necesario y largamente esperado en el contexto cultural y político de habla hispana. Eric Calderwood, profesor de literatura comparada y árabe en la Universidad de Illinois, EE UU, y prestigioso investigador de lo que podríamos denominar de forma amplia como “cultura mediterránea” aborda con lucidez el ambivalente y paradójico uso retórico de esa polémica, conflictiva y fértil realidad histórica llamada “Al Andalus” efectuado por los ideólogos del protectorado español en Marruecos y, más tarde,  por los líderes del emergente nacionalismo marroquí que lidera la independencia formal del país frente a las administraciones coloniales occidentales.

Para comenzar, –y no necesariamente en el orden correspondiente al que estructura el ensayo– Calderwood nos pone en contacto con una realidad que es, aún en la actualidad, ampliamente desconocida y que ha sido estratégicamente velada con la intención de apuntalar y caracterizar de forma simplista una interesante confrontación que nos interpela y sigue persiguiéndonos en la actualidad. La primera premisa es evidente, el Al Andalus no es únicamente un periodo histórico sino un espacio identitario a través del que posicionarnos en el presente. La segunda afirmación abarca un espacio de sutilidad que en el caso presente adquiere, si cabe, un mayor interés; nuestra forma de interpretar “nuestro” nexo –¿qué nosotros? Esa es la clave– con Al Andalus no es inocente ni a histórica. De hecho, nuestra percepción del Al Andalus nos sitúa en una posición encarnada que evoca, a su vez, una jerarquía concreta con raíces históricas en la empresa colonial española. Descolonizar esta relación de poder requiere de nosotros un gesto de cabal honestidad que consiste en ir más allá de aquello que quisiéramos ser para situarnos en el espacio material de lo que hoy somos, no como individuos, sino como sociedades humanas insertadas en una situación geopolítica concreta.

Podría argumentarse que todo relato en torno al pasado es, finalmente, una herramienta política y que la objetividad científica en torno a la historia resulta ser un mito positivista, y tendríamos que reconocerlo. En contra de los excesos de este apunte, observables precisamente en determinados enfoques postmodernos –y postmoderno/postcolonial resulta ser el marco desde el que nuestro autor enmarca, prudentemente, su análisis– habría que advertir que las relaciones de poder no se desarrollan en abstracto, sino que tal y como existe una situación de opresión, es necesario reconocer la existencia de opresores y oprimidos.  Tal y como existe una lucha por el poder, existen vencedores y vencidos; no como categorías ontológicas inmutables sino como situaciones material y simbólicamente constatables que determinan nuestro mundo. En lo que respecta al hecho colonial, el planteamiento es claro: el colonialismo es un hecho atroz, y eso no admite discusión alguna. Que hay complicidades, nexos, tensiones y relaciones ambiguas entre colonizadores y colonizados es evidente. Así como es notorio que determinados sectores del mundo académico gustan de diseccionar estas cuestiones y utilizarlas para diluir la realidad política de la opresión colonial y transformarla en un producto de consumo para vender y comprar en el mercado de departamentos, doctorados, libros y becas de investigación.

Todo ello, y aquí volvemos al “Colonial Al Andalus”, no puede ser interpretado sin tener en cuenta la demasiado obviada historia colonial española y su relación, en este caso, con el Norte de África. Y esto toma una relevancia especial cuando lo que está en juego es mover los cimientos del relato convencional sobre el lugar que el Al Andalus ocupa en el imaginario popular contemporáneo, a ambos lados del charco. El desafío es claro y necesita de la aceptación de un hecho incontestable: Al Andalus ha constituido una retórica al servicio del colonialismo español, a través del protectorado, en el Norte de África, así como un discurso al servicio del nacionalismo marroquí anti colonial. Pero no solo eso. Si hay algo que Calderwood evidencia es que el germen de ese relato colonial sobre el Al Andalus no fue únicamente un instrumento de la derecha franquista, sino que fue, en este caso sí, transversal en términos políticos convencionales.

La dimensión colonial y racista –porque decir colonialismo es, necesariamente, decir racismo– del relato contemporáneo sobre Al Andalus informa también el container intelectual del republicanismo español y del andalucismo histórico, así como su dimensión ideologizada informa las concepciones políticas, poéticas, musicales e incluso arquitectónicas del Marruecos postcolonial. Acostumbrados a observar en la actualidad como la defensa de la memoria andalusí de la península corre a cargo de elementos políticos y culturales percibidos, desde nuestros esquemas decimonónicos, como “progresistas” y comprometidos con la izquierda política, así como su denostación y repudio es entonada por los militantes de la derecha y especialmente la ultra derecha española, “Al Andalus en Marruecos” da al traste con este superficial maniqueísmo y nos obliga a reconsiderar los términos del debate en función de elementos más profundos, desconcertantes y reveladores.

Celebrar Al Andalus, ¿desde qué identidad?

Si, tras leer atentamente el libro, afirmáramos que la condición de posibilidad de que podamos celebrar el Al Andalus, es celebrar España, ¿qué pensaríamos? Sin duda alguna pensaríamos en el Instituto General Franco, máxima institución propagandística del régimen franquista durante el protectorado español en Marruecos que fundamentaba su función en base a tan cacareado criterio. Pensaríamos en Beigbeder, en de Las Cagigas, en Mateo Bertuchi, en Rodolfo Gil Benumeya, y un largo etcétera de pensadores e ideólogos franquistas que dedicaron su energía a desarrollar la idea del colonialismo español en Marruecos como un colonialismo amoroso, como una suerte de protectorado sentimental.

Nos referimos a la ideología colonial de la hermandad hispano–marroquí fundamentada en la narrativa del legado común andalusí; hablamos de aquellos que se empeñaron a toda costa en fortalecer el relato de que España, a diferencia de Francia o Bélgica no estaba oprimiendo a los marroquíes, sino que esa España, y dentro de ella, especialmente, Andalucía, no representaba sino el nexo armonioso, natural e histórico de unión entre Europa y el denominado mundo arabo-islámico. Por lo tanto, España no colonizó Marruecos, sino que, tan solo, regresó legítimamente a un lugar que siempre formó parte de ella misma: Al Andalus. Así, no es Marruecos lo que el colonizador español dice admirar sino Al Andalus en Marruecos, no son los marroquíes a los que los colonos españoles dicen amar, sino a los andalusíes en Marruecos; más bien y rizando el rizo un poco más, es “lo andalusí”, como obsesión, como fetiche colonial, lo que buscan confirmar, mantener y reproducir en Marruecos, a costa de los marroquíes.

Del protectorado a la élite intelectual del nacionalismo marroquí

Al Andalus en Marruecos pretende, así mismo, poner en tela de juicio los cimientos de una perspectiva demasiado maniquea sobre la naturaleza contradictoria del mundo colonial en la que no hay ambigüedades entre colonizadores y colonizados. En este sentido, según Calderwood, la ideología del Al Andalus no es unidireccional sino que sirve como gran reserva mítica, no solo para el colonialismo español, sino para determinada élite del nacionalismo anticolonial marroquí. Si el colonialismo español construye una justificación del protectorado a través de una representación interesada del pasado andalusí, muchos de los representantes de la élite marroquí usarán Al Andalus como una lente a través de la que interpretar las relaciones entre cristianos y musulmanes, las razones y causas del colonialismo español en Marruecos, además de cómo fuente poética de arquetipos literarios y base mítica de la identidad marroquí moderna. Así bien, la idea de que la cultura marroquí representa un legado del Al Andalus nace, según nuestro autor, del encuentro colonial entre España y Marruecos. La obra del polifacético artista Muafaddal Afaylal, el Kunnash, sirve a Calderwood como texto y contexto para profundizar en las características que el rostro multiforme de Al Andalus ocupa en parte de la conciencia cultural del Marruecos moderno. Para Afaylal y otros, la colonización de Marruecos funciona como espejo fantasmagórico de la conquista cristiana del Al Andalus.

Por otra parte, el ensayo demuestra como determinados intelectuales marroquíes de importancia tales como ‘Abd Allah Gannun, ‘Aziman o Ibn Tawit, que se educaron en el contexto académico colonial y mantuvieron una estrecha colaboración con  determinadas instituciones españolas del protectorado pasan a formar parte de las instituciones marroquíes después de la independencia, por lo que gran parte de la ideología colonial de Al Andalus es retomada, reelaborada y reapropiada por el Marruecos independiente. Eric Calderwood no se limita a estudiar la transferencia de clichés, tópicos y elaboraciones ideológicas en torno al Al Andalus colonial entre España y Marruecos a través de la literatura, sino que demuestra cómo los campos nada inofensivos de la música –a través del concepto moderno de música andalusí– o la arquitectura –la creación del Mausoleo de Muhammad V es el gran ejemplo– sirven como vehículos de transmisión de la concepción colonial de Al Andalus desde la obsesión “andalusí” de la élite intelectual del protectorado español en Marruecos hacia la creación de la identidad moderna del Marruecos independiente.

Colonial Al Andalus, límites y posibilidades

La lectura deAl Andalus en Marruecos.  El verdadero legado del colonialismo español en el Marruecos contemporáneo resulta imprescindible para oxigenar un área de investigación que sufre una parálisis intelectual alarmante, especialmente en el Estado español. La aceptación acrítica de relatos de carácter exótico y occidentalizados sobre Al Andalus y la genealogía que lo une con nuestro presente, sumada a la proliferación de construcciones pretendidamente históricas, pero evidentemente desfiguradas que pretenden demonizarlo, han instalado todo lo concerniente al estudio del mismo en un monólogo bipolar que se debate entre la elaboración de un relato a medida para unos y otros. A través de este revelador ensayo, magníficamente escrito y documentado, Calderwood –que se ha encargado de dominar el árabe clásico, el dariya y el castellano como pocos de los estudiosos que abordan el Al Andalus desde nuestra heterogénea geografía– nos pone en contacto con la plasticidad política de las narrativas históricas y cuestiona la genealogía de un enfrentamiento actual entre los campos de la derecha y de la izquierda por apropiarse de, o denostar, la memoria andalusí.

No obstante, si hay algo que se puede echar de menos tras leer Al Andalus en Marruecos, es, quizás y con el permiso del autor, una mayor atención al papel que en el desarrollo de la ideología nostálgica del Al Andalus, cumple la relación del protectorado con su mayor enemigo anticolonial: el Rif. No solo eso, la construcción de la ideología del Al Andalus en clave colonial encuentra causas y consecuencias en la forma a través de la que las instituciones españolas de la metrópoli afrontarán su posición frente a la diferencia racial al interior de la península. Bien es cierto que el autor afronta, especialmente en el capítulo tres, partes interesantes de lo mencionado. Sin embargo, una mayor profundización en estos aspectos poco atendidos de la historia española, rebelarán por qué resulta problemático no ahondar en las diferencias palpables que existen entre la manera en la que colonizados y colonizados se apropian de determinadas narrativas, en este caso nos referimos a la narrativa sobre Al Andalus. Esto nos obliga a afrontar la burda y vulgar dialéctica de la opresión y su violenta fragmentación entre opresores y oprimidos. Sabemos que, para determinados sectores del mundo académico, tal dialéctica resulta “poco sofisticada” ya que denominándola así conseguimos atenuar los problemas psicosociales derivados de la responsabilidad y el fantasma de la culpa en el seno de las sociedades colonizadoras. Empero, para aquellos que no consentimos en abordar el hecho colonial sin atender el factor ético y sin elegir nuestro lugar junto al colonizado, tal tarea se hace imprescindible.

Para terminar y tratando de enlazar con lo anterior, refiriéndose a la obra de Afaylal, Eric Calderwood afirma lo siguiente: “Pretendo que Afaylal y su mundo sean legibles sin domesticarlos” […] “Intentaré reconstruir el marco de referencia cultural dentro del cual Afaylal vivió y escribió”. Tal pretensión no puede parecernos sino inicialmente noble e interesante. Ahora bien, ¿es posible? ¿Puede el autor occidental desgajarse de siglos de colonización y reproducir el mundo cultural del colonizado sin domesticarlo? ¿Está dotado de dicha capacidad? ¿De dónde proviene tal pretensión? De hecho, vamos más allá. Después siglos de colonización, ¿puede hacerlo el propio colonizado? La pregunta se queda, así, rebotando en un eco infinito desde la que nunca vuelve junto a respuesta alguna. Más bien, estas preguntas nos vuelven a interpelar para que sigamos afinando el proceso a través del que nace nuestra voluntad de descolonizar la historia y, en el seno de la misma, nuestras propias identidades.

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